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Más allá de las métricas: El poder de ser genuino en los negocios

A principios de enero, decidí empezar a estudiar italiano. ¿Por qué? Porque me gusta, porque me llama la atención, porque me parece divertido. No es algo que haga por necesidad, ni porque vaya a ser un “plus” en mi carrera profesional. De hecho, algunos me han dicho que no es un idioma muy útil en el mundo de los negocios. Lo sé. Aun así, me apetece, y eso para mí es suficiente.

Para los que os gusta medirlo todo, os diría que mi decisión se puede valorar en términos de disfrute personal. ¿Acaso no se puede medir la felicidad que se siente al aprender algo por puro placer? No es un KPI clásico, pero muy importante. No siempre necesitamos un número para justificar lo que hacemos. Muchas veces, el verdadero valor está en el placer de hacer algo sin esperar nada a cambio

No todo lo que importa puede ser medido, y no todo lo que se mide realmente importa.
Este pequeño ejemplo pone en evidencia una verdad importante: en los negocios, como en la vida, no todo debe tener un fin tangible o un retorno inmediato. Las acciones impulsadas por el interés genuino, sin un plan preestablecido, también pueden ser increíblemente valiosas.

KPIs y planificación: fundamentales, pero no exclusivos

Hoy en día, vivimos en un mundo obsesionado con medirlo todo: resultados, crecimiento, eficiencia. Los KPIs son esenciales para tener un mapa claro, para saber si vamos por el buen camino. Pero aquí está la cuestión: no todo lo que hacemos tiene que seguir una fórmula. En ocasiones, las decisiones que no se ajustan a un cálculo perfecto nos llevan a lugares sorprendentes e interesantes.

En mi caso, estudiar italiano no tiene ningún propósito profesional inmediato. No busco que me abra nuevas puertas de negocio ni que me haga más competente en mi trabajo. Lo hago simplemente porque me apetece y me gusta. Y esto aplica también a las empresas: hacer algo porque realmente nos atrae puede traer frutos, incluso si no hay un retorno directo en el corto plazo.

El valor de la flexibilidad y la sorpresa

La creatividad no siempre nace de un proceso meticuloso. Muchas veces, las mejores ideas surgen cuando nos permitimos explorar, experimentar o seguir nuestra intuición, curiosidad o pasión. No siempre es necesario un plan detallado. Dejar espacio para lo inesperado puede llevarnos a oportunidades que no habríamos anticipado.

En lugar de seguir siempre un guion, la flexibilidad puede abrir puertas a nuevas soluciones, ideas innovadoras o incluso una conexión más profunda con quienes nos rodean. Este tipo de libertad es lo que enriquece la dinámica de cualquier equipo o relación profesional.

Redes sociales: la presión de mostrar lo perfecto

Las redes sociales, especialmente Instagram, nos han enseñado a mostrar solo lo mejor de nosotros mismos. Nos hemos acostumbrado a ver versiones cuidadosamente pulidas y planificadas de la vida y el trabajo. Pero, en la vida real, no todo es perfecto. Las personas conectan mejor con lo humano, con lo imperfecto.

El peligro de esta obsesión por la perfección y la medición es que crea expectativas poco realistas. Las empresas que se obsesionan con mostrar solo lo mejor corren el riesgo de parecer inalcanzables o desconectadas. Lo que importa no es la imagen idealizada, sino lo que nos hace reales y accesibles.

Ser genuino es más poderoso que ser perfecto

Al igual que en la vida personal, en los negocios no todo debe estar cuidadosamente planeado. Ser honesto y actuar con libertad puede generar un impacto mucho más duradero, incluso cuando no se vean resultados inmediatos. Esa actitud puede resultar en experiencias mucho más ricas y profundas para quienes nos siguen o colaboran con nosotros.

Las empresas que encuentran el equilibrio entre la estrategia y la genuinidad son las que logran crear relaciones auténticas con su público. Las conexiones genuinas suelen ser más valiosas a largo plazo que las tácticas enfocadas solo en resultados inmediatos.

En resumen: el valor de lo genuino

Aunque los KPIs y las métricas son fundamentales, no todo tiene que medirse con un número. Hacer las cosas por el placer de hacerlas, sin presiones externas, marca la diferencia a largo plazo. Cuando dejamos espacio para lo genuino, para lo que realmente nos mueve, las recompensas no siempre serán inmediatas, pero pueden ser mucho más duraderas y sostenibles.

Publicado en la página de LinkedIn de José Miguel Moreiro.

 

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